martes, 5 de enero de 2010

El Cibao tiene sed

Por Eleuterio Martínez

Publicado originalmente en el Listin Diario

El otrora caudaloso Yaque del Norte y el igualmente legendario y temible río Yuna, hoy son dos hilitos de agua, como dos lágrimas que se desprenden de la Cordillera Central que sin penas ni gloria van a morir al mar. El río Yaque del Norte es el principal activo fijo de la nación dominicana, aunque no pueda colocarse en las bolsas de valores de New York, Londres o París. Sus aguas sustentan la producción de alimentos para satisfacer la demanda de un tercio de la población dominicana y aunque nadie piensa en ello, por si solo (prácticamente sin la ayuda de otras fuentes de agua), también es quien garantiza la producción de bananos que se empaca y se exporta hacia Europa y otros mercados internacionales.

El Cibao tiene sed. Nadie se imagina estas pródigas tierras en plena producción sin el concurso de esta arteria fluvial que drena o recoge las aguas de un territorio casi equivalente a la superficie de Puerto Rico. Sin embargo el deterioro físico de su cuenca acusan una caída estrepitosa de sus caudales y presagian un futuro incierto para la sociedad dominicana.

¿Qué pasará con Santiago de Los Caballeros, la segunda capital política del país y la primera potencia económica -de hecho y por derecho-), cuando el Yaque ya no exista?, ¿no es una afrenta pública y un insulto que su curso se convierta en una cloaca precisamente al bañar la parte occidental de esta ciudad, donde su caudal se ha perdido por completo y en su lugar corren las aguas negras que aportan la industria y las descargas residenciales?

Estado de emergencia

Pero ¿cuál es el estado real del río Yaque del Norte? Su situación es harto conocida: Su cuenca está deforestada en casi un 85 por ciento, pues la única cobertura boscosa de importancia se encuentra en los parques nacionales Armando Bermúdez y Nalga de Maco; problemas de erosión en estado avanzado (surcos y cárcavas) en los alrededores de los embalses de Tavera y Bao, así como en toda el área aledaña a los parques nacionales; sequía y languidecimiento de la mayoría de los manantiales y tributarios principales, contaminación acentuada a su paso por las principales ciudades y pueblos que abastece de agua potable y en aquellos puntos de descargas de canales de drenaje agrícola; serios problemas de salinización y un largo etcétera.

Existe una decena de estudios y diagnósticos que describen hasta la saciedad el proceso indetenible de su deterioro y no escapa al conocimiento de las máximas instancias del Poder Político (ni al Gobierno Central bajo cuya dependencia están el INDRHI y Agricultura, ni al Congreso Nacional que anualmente tiene la responsabilidad de verificar la asignación los fondos o recursos que hace el Poder Ejecutivo para resolver los problemas claves y promover el desarrollo nacional), el estado de coma en que se encuentra y se debate la suerte de esta arteria aorta del sistema hídrico nacional.

No hay comentarios:

Publicar un comentario